De migrante a diputado, una historia de ‘sueño’ para un mexicano en EU.

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Fotografía: Periódico Mirador
Ésta es una de las notas más leídas del Portal de Noticias La Jornada. Pulso Ciudadano la retoma de la fuente original y la comparte con sus lectores.
Sus padres llegaron de braceros al país fronterizo y con diez hijos salieron adelante. Desde pequeño aprendió los oficios de plomero y albañil, ahora, José Guadalupe Hernández Ríos tiene una empresa de construcción y es legislador de Zacatecas, Zac.
Sus padres fueron trabajadores del programa bracero en Estados Unidos, porque en Zacatecas eran campesinos sin tierra. Él vivió desde niño siempre entre dos mundos: el de la miseria, en su tierra natal, y en la prosperidad relativa del lugar donde sus padres lograban el sustento para su familia.

No quiso estudiar. Trabajó desde pequeño en las piscas de algodón en California, y luego aprendió los oficios de plomero, soldador, y de albañil. Hoy tiene su propia compañía constructora: Jacobo Plastering Construction, ubicada muy cerca del Fairhaven Memorial Park, en la ciudad de Santa Ana, California.

Como constructor de profesión ha ganado contratos de obra del gobierno estadunidense para edificar instalaciones de la US Navy, donde a sus albañiles –todos de origen mexicano- han llegado a ganar 400 dólares la hora.

Conoce la mayor parte de los estados en EU, ha trabajado en ellos. “Por cualquier estado de aquel país que tú me preguntes yo te lo contesto, porque nosotros nos dedicamos a hacer escuelas, zonas hoteleras, zonas residenciales, y también le hacemos trabajos a la armada de Estados Unidos, en todo lo que es construcción”.
Afirma con orgullo José Guadalupe Hernández Ríos, uno de los dos nuevos diputados migrantes en el congreso del estado de Zacatecas, quien narró a La Jornada su historia de vida y el porqué está decidido a no ser uno más de los legisladores “binacionales”, que desde hace cuatro legislaturas, por ley, tienen derecho a ocupar dos curules en la cámara local.

“Yo desciendo de una pareja de ex braceros, porque mis padres no tenían tierra en Zacatecas. Mi padre tenía diez hermanos, entonces no había qué comer. Emigró con mi mamá en los tiempos de los ex braceros, a los campos de California, a cortar el algodón, y de ahí se fueron superando”.

Sin embargo, narra, “conforme íbamos naciendo nosotros, yo y mis hermanos, mi mamá se venía a México, porque mi padre quiso que todos fuéramos mexicanos, y ya luego mi mamá se regresaba de nuevo a Estados Unidos”.

Pero Estados Unidos no es el paraíso para los migrantes latinoamericanos. “cuando vas en los desiertos de Arizona, o en las franjas fronterizas, como en el Río Bravo, en Laredo Texas, o por el lado de Nuevo Laredo, Tamaulipas, ves que hay muchos hermanos migrantes muertos, porque van con una esperanza de sacar a sus familias adelante, y lo que encuentran es la muerte”.

Los que logran quedarse allá sin papeles, y aún con ellos, sufren la discriminación, el maltrato, la humillación, dice. Por eso aceptó ser diputado, porque quiere cambiar eso, o por lo menos intentarlo. A él mismo, en la actualidad, le sigue ocurriendo. Su fisionomía mexicana lo “delata” y cada que cruza la frontera, a pesar de contar ya con la ciudadanía, los de la migra le piden sus papeles.
Para ser diputado, primero tuvo que ser elegido entre decenas de migrantes exitosos, con deseos de incursionar a la política allá en Estados Unidos, y ser designado candidato migrante en la, quizá, comunidad migrante mejor organizada de mexicanos en el país fronterizo.

“Ahorita ya tenemos 19 federaciones que agrupan a más de 500 clubes organizados de zacatecanos en todo Estados Unidos, y celebramos el día del zacatecano”, refiere con orgullo Guadalupe Hernández, quien fue postulado por el Partido del Trabajo. Cada partido político postuló a su “candidato migrante”, aunque sólo dos curules son para los “binacionales”. La otra diputación recayó en Rafael Hurtado Bueno, por el PRI.

Al igual que su compañero diputado migrante, llegó al congreso por la vía plurinominal; sin embargo, dice José Guadalupe Hernández, desde “el momento de llegar aquí, me siento con una responsabilidad muy fuerte, porque hay muchas necesidades de los migrantes que tenemos que solucionar”.
En Estados Unidos las autoridades calculan que vive un millón y medio de mexicanos nacidos en Zacatecas, y al menos otros tres millones de personas que son de origen zacatecano; es decir, que aunque nacieron allá, son hijos de zacatecanos. La mayoría de todos radican en los estados de California, Illinois y Texas.

Y aunque el tema de la soñada reforma migratoria en Estados Unidos está fuera del alcance del poder legislativo zacatecano, el diputado Hernández Ríos lamenta que en el caso del gobierno estadunidense “ahorita se avientan la bolita los republicanos y los demócratas”, mientras que el gobierno mexicano de Enrique Peña Nieto “no empuja fuerte” en el tema.

“Hace aproximadamente dos meses fui a una convención a la que me invitaron las organizaciones de mexicanos en Estados Unidos, y fuimos al capitolio de Arizona. Ahí es donde nace el racismo número uno, donde está el ojo del huracán, donde está la boca del lobo”.

Hernández Ríos se ha caracterizado por ser así, franco y directo en su postura de la defensa de los derechos de los migrantes, desde que tuvo la oportunidad de representar a su comunidad, al ser designado miembro del Instituto de los Mexicanos en el Exterior, la década pasada.

En su reciente visita al Capitolio de Phoenix —ya como diputado electo del congreso de Zacatecas—, dice: “yo les plantee que la reforma migratoria se requiere, porque los trabajadores migrantes mexicanos saben hacer trabajo de construcción en los restaurantes, muchos trabajos que ellos no hacen. Sólo en la construcción, como es algo muy pesado y muy difícil, ellos no lo hacen”.

Sin embargo, lamenta, “la mayoría de raza americana está con furia, porque piensan que les vamos a quitar su país, su ciudad, y han agarrado una situación muy difícil contra nosotros los migrantes”.

Respecto al papel del gobierno mexicano en la reforma migratoria, el diputado zacatecano refiere que “a México vino recientemente el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, y ya se sentó con Enrique Peña Nieto, pero no miramos mucha acción”.

“Es más, existe un grupo que se llama el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, y no se ha sabido nada de él, ¿o será que apenas está empezando a trabajar?, pero no hemos mirado una política binacional que beneficie a los migrantes con Peña Nieto”.

Los migrantes allá, refiere, “sí necesitamos mucha la presión de nuestro gobierno mexicano, que nos apoyen en esta reforma migratoria, porque queremos que nuestras familias se unan, que no esté por allá la mitad de la familia y la otra mitad acá. Que los esposos estén por allá trabajando y las esposas abandonadas y solas con los hijos acá, sufriendo, exponiéndose a cruzar muchas veces, con riesgo de perder la vida, porque no tienen papeles para entrar y salir”.

Durante los últimos años la vigilancia fronteriza “se ha recrudecido demasiado”. Lo más grave es la criminalización de la migración.

Ahora la policía y la Border Patrol detienen a los migrantes no por cometer un delito, sino sólo por su apariencia –algo ilegal–, y una vez en prisión, los deportan sin darles oportunidad de una defensa, señaló.

“Y los detienen con el simple propósito de extraditarlos, como estrategia para agarrar a nuestra gente y echarlos para afuera. Y lo más grave es que no los deportan a México, lo más grave es que a muchos mexicanos los deportan hasta Centroamérica, y sí estamos sufriendo circunstancias muy serias y difíciles y creo que el gobierno de México debe tomar más en serio el asunto”, expuso.

Pero no todo es dinero en la vida y, por eso, hay obras millonarias que ha rechazado en aquel país. Actualmente en la frontera de San Isidro y Tijuana se están reconstruyendo las oficinas gubernamentales de migración. A su compañía Jacobo Plastering Construction, donde, dice, “trabajamos puros mexicanos, de toda la república, pero sobre todo zacatecanos”, la invitaron del gobierno estadunidense a inscribirse para construir el enorme inmueble, pero cuando se enteró de la ubicación y la función migratoria de esas oficinas, renunció al proyecto:

“Nos solicitaron a nosotros para hacer el trabajo, pero no lo hicimos por cuestiones de dignidad, porque era construir un lugar donde tratan mal ahí a nuestros migrantes, y fue un punto que por eso no quisimos agarrar ese contrato, aunque nos lo daban con toda facilidad”, sostuvo.

Así es José Guadalupe Hernández Ríos, un diputado que llegó al congreso de Zacatecas con demandas específicas de la comunidad migrante: “Queremos votar por gobernador de California en Estados Unidos, y por gobernador aquí en Zacatecas, ojalá se nos conceda”.

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